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Maratón de Sevilla 2026: cuando las medallas no llegan a tiempo

El Zurich Maratón de Sevilla 2026 tenía todos los ingredientes para ser recordado por los motivos correctos. Récord de participación con 17.000 inscritos, un circuito renovado para hacerlo aún más rápido, y un foto finish épico en categoría masculina entre Shura Kitata Tola y Asrar Hiyrden que requirió revisión del vídeo de la llegada para decidir al ganador (ambos con 2:03:59). Pero quedará también en la memoria por algo que ningún corredor quiere experimentar: cruzar la meta y recibir una medalla de madera fabricada a toda prisa en lugar de la medalla oficial prometida.

El sábado 15 de febrero a las 20:00 horas, apenas 12 horas antes de la salida, la organización comunicó a través de Instagram que las 17.000 medallas originales no habían llegado a tiempo. El motivo: el temporal de las últimas semanas impidió que el barco que transportaba las medallas pudiera desembarcar en el puerto de Valencia cuando estaba previsto.

Hay cosas que no pueden fallar en un maratón

En una carrera como una maratón, hay elementos que no pueden faltar. Agua en los avituallamientos. Servicios médicos de emergencia. Control de tiempos fiable. Y las medallas de finisher en meta. Son las cuatro patas de la mesa. Si falla una, la mesa cojea.

Para un corredor veterano, alguien que ya lleva diez o quince maratones en su historial, quedarse sin la medalla oficial puede ser un contratiempo menor. Ya tienen un cajón lleno de recuerdos de otras carreras. Pero para alguien que está completando su primera maratón, después de meses de entrenamiento, madrugones, lesiones superadas y sacrificios, esa medalla no es un trozo de metal. Es el símbolo tangible de un logro que muchos pensaron que nunca conseguirían.

Para muchos, esa medalla de madera improvisada será el único recuerdo físico de su primer maratón. Y no es lo que esperaban.

El plan B: 17.000 medallas en 48 horas

Cuando la organización se enteró el jueves 13 de febrero de que las medallas no iban a llegar a tiempo, activaron un plan de emergencia. En solo 48 horas consiguieron fabricar 17.000 medallas de madera con un diseño similar al original. Más pequeñas que las oficiales, de madera en lugar de metal, pero funcionales. Listos para colgarlas al cuello de cada finisher el domingo por la mañana.

Desde el punto de vista logístico, es un logro notable. Conseguir 17.000 medallas fabricadas, entregadas y listas para distribuir en dos días es algo que requiere una capacidad de reacción brutal. La organización merece reconocimiento por resolver un problema grave en tiempo récord.

Pero eso no cambia el hecho de que el problema no debería haber existido en primer lugar.

El fallo de fondo: dejarlo para el último momento

No importa de quién sea la culpa exacta. Puede ser del fabricante de las medallas. Del transportista que no las movió a tiempo. De la naviera que las mantuvo en el barco más días de lo previsto. O de la propia organización por no tener un margen de seguridad suficiente en el calendario de entrega.

Lo que está claro es que algo falló en la cadena. Y el fallo de fondo es siempre el mismo: dejar las cosas para el último momento.

Una carrera de la dimensión y prestigio del Maratón de Sevilla, que aspira a ser una de las referencias internacionales del calendario europeo, no puede permitirse que las medallas lleguen con tan poco margen de seguridad que un temporal meteorológico las deje varadas en un puerto. Eso es una señal de que los plazos estaban demasiado ajustados desde el principio.

La carrera continuó: 17.000 corredores bajo el sol de Sevilla

En categoría masculina, el etíope Shura Kitata Tola (ganador del Maratón de Londres en 2020) se impuso en un emocionante sprint final que obligó a revisar la foto finish. Tanto él como su compatriota Asrar Hiyrden cruzaron con 2:03:59, empatados hasta la centésima. Los jueces tuvieron que certificar la victoria de Kitata tras analizar las imágenes. Ambos cayeron al suelo tras cruzar la línea. Fue la mejor marca del año hasta ese momento.

En categoría femenina, la finlandesa Alisa Vainio venció con 2:20:39, batiendo su propio récord nacional de Finlandia. La española Fátima Ouhaddou terminó quinta con 2:24:19, consiguiendo la mínima para el Europeo de Birmingham.

Pero al cruzar la meta, todos los finishers recibieron las medallas de madera improvisadas. Más pequeñas, más ligeras, claramente provisionales. Para muchos, un recordatorio amargo de un fallo logístico que nunca debió ocurrir.

Las medallas reales llegaron el lunes: ahora toca entregarlas

El lunes 16 de febrero, apenas un día después de la carrera, las medallas originales llegaron finalmente a Sevilla. La organización publicó un segundo comunicado anunciando el plan de entrega, dividido en varias fases:

  • Sevilla: Desde el lunes 16 de febrero a las 17:30 horas en el AC Hotel Sevilla Forum. Del martes 17 al domingo 22 de febrero, de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:30 horas.
  • Otras ciudades españolas: Próximamente puntos de recogida en Madrid, Barcelona, Málaga y Valencia.
  • Ferias internacionales: La organización estará presente en ferias de maratones internacionales durante 2026 para facilitar la entrega a corredores extranjeros.
  • Otros procesos de entrega: «Estamos estudiando también otros procesos de entrega para más adelante que os anunciaremos», añadía el comunicado.

El gesto fue bien recibido. Muchos corredores comentaron en redes que, aunque el comunicado del sábado por la noche fue un error de timing, aplaudían la intención de la organización de hacer llegar las medallas reales a todos los participantes.

Pero también hubo peticiones claras: corredores internacionales que ya habían vuelto a sus países pedían envío postal. Otros preguntaban si podían recoger las medallas de compañeros de equipo que ya habían salido de España.

La organización está estudiando opciones, pero de momento no ha confirmado envío postal masivo. Los puntos de recogida en otras ciudades y las ferias internacionales son la solución oficial.

Qué podemos aprender de esto

El Zurich Maratón de Sevilla es una de las carreras más prestigiosas de España. Es el maratón más plano de Europa y posiblemente del mundo. Con 17.000 corredores en esta edición, batió su propio récord de participación. La carrera deportiva fue un éxito: tiempos rápidos, un foto finish épico, buenas condiciones meteorológicas, y un ambiente espectacular en las calles de Sevilla.

El problema de las medallas no arruinó la experiencia de correr. Pero sí empañó el recuerdo de muchos finishers, especialmente aquellos para quienes era su primera maratón.

La capacidad de reacción de la organización fue notable: 17.000 medallas de madera en 48 horas es un logro logístico impresionante. Y la respuesta rápida para entregar las medallas reales (desde el lunes siguiente, con múltiples puntos de recogida planificados) demuestra que asumieron el error y buscaron enmendarlo.

Pero la lección clave aquí no es lo bien que se puede resolver un problema de última hora. Es que ese problema no debería haber llegado a existir. Una carrera de este nivel necesita tener las medallas en el almacén con semanas de antelación, no con días. El margen de seguridad debe ser suficiente para que un temporal meteorológico, un retraso en aduanas, o un problema con el transportista no dejen a 17.000 corredores sin su medalla oficial en meta.

Ahora, después de enmendar el error, la pregunta es si servirá para que no vuelva a pasar. Porque las medallas de madera pueden ser un buen recuerdo anecdótico para algunos. Pero para muchos otros, especialmente los debutantes, será siempre el recordatorio de que su primera maratón no fue exactamente como soñaron.

Y eso, en una carrera que aspira a ser referencia internacional, no puede volver a ocurrir.

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