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Empezar a correr
Foto por Satish Krishnamurthy

Empezar a correr. Tu cerebro te ayuda.

Empezar a correr es como cualquier otra cosa en la vida. Simplemente te lo tienes que proponer, buscar el momento y hacerlo. Al principio será difícil, pues lo habitual es que la propia pereza dinamite toda buena intención que tenemos el primer día. Por eso es importante crear un hábito: no queda más remedio que los primeros días obligarte a ir a correr.

Empezar es lo más difícil, pero te aseguro que tras los primeros días, no necesitarás forzarlo, sino que tu propio cuerpo te lo pedirá. A partir de las dos semanas, ya serás adicto a las endorfinas. Si te has quedado a cuadros y no sabes lo que son las endorfinas, te lo explico muy rápidamente.

Es lo que se conoce como la “euforia del corredor”. Esto ocurre cuando al realizar un ejercicio aeróbico prolongado se libera en el cerebro una sustancia natural llamada endocanabinoides, aunque también se conoce como endorfinas. Estas sustancias producen cambios en el cuerpo, y son causantes de estados de bienestar y alegría. Producen en el cerebro sensaciones similares a las que pueden producir la heroína o la morfina. Inhiben el dolor y retrasan la fatiga

Para llegar a alcanzar este estado, los estudios estiman que se tiene que correr un mínimo de 30 minutos y no hace falta que la intensidad sean demasiado alta. Este “chute” tiene una duración variable, que se estima entre 3 y 30 minutos. El corredor tiene sensación de alegría y júbilo, y se elimina de golpe todo el cansancio acumulado. En cuestión de minutos, pasas de estar hecho polvo a tener ganas de hacer el doble de km.

Aquel que haya corrido regularmente sabrá que es muy habitual encontrarse un muro psicológico, un momento durante tu carrera en el que te sientes agotado y crees que no puedes más. Pero de repente te vienes arriba, sacas fuerza de donde no la tenías y continúas tu carrera, e incluso mejorando el ritmo que llevabas en ese momento. Todo a causa de esa sensación de felicidad que te hace levantar súbitamente el ánimo.

Pero esta sensación no sólo se tiene mientras corres, sino también al acabar. Cuando terminas una carrera, te sientes en las nubes, aunque hayas acabado con calambres y dolores musculares. Cruzas la línea de meta y ya estás planeando cuál será la próxima.

Como ves, tu organismo te ayuda a crear el hábito. Una vez que estés saliendo regularmente te darás cuenta que no podrás pasar varios días sin hacer una escapada. Tu propio cuerpo te lo estará pidiendo.

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